Messi Francés



Como no hay fotografías de la noche en que Messi festejó un gol de la Selección mostrando la clásica remera de Mayo Francés que escondía debajo de la celeste y blanca y celeste y blanca, le pedimos una mano a nuestro diseñador gráfico, Federico Agüjero, para que retrataratarataratarata algo de eso. Además, se supo que Emiliano, el dueño de las salas de ensayo Iya, está naufragando en una balsa en el Océano Mediterráneo.
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Miguel Najdorf



Después de una investiga fretaloptis sólo conseguir el Wikipedia del Viejito que había jugado partidas a la Jedré sin Ver con 40 tableros liberty frapineso. Grumole, su maestro un día baraja de Pino.






Crónica de cartón



Tiene una camisa bordó y una corbata blanca. Es un hombre de sesenta o setenta y pico de años, canoso y soltero. Es frenético en sus pasos y caballero en su modo de hablar. Además de ser el presentador del evento, asiste a la mujer que corta los tickets en la entrada. “Venga, acompáñeme por acá”, le dice a una señora que lleva puesta una pollera larga y azul, dándole el paso y arreglándose el pelo con un peine que guarda en su pantalón. Él es quien controla que nada suceda por fuera de lo planeado.
     Todos los sábados a la noche, en Sunderland Club, un viejo establecimiento barrial de Villa Urquiza, se organiza una milonga de tango en la cancha techada de básquet y fútbol. Las mesas negras con manteles negros están dispuestas en forma rectangular, dejando un amplio espacio en el centro del gimnasio para que las parejas bailen. El hombre canoso está inquieto como cualquier anfitrión. Va de mesa en mesa recordando viejas anécdotas con quienes toman un café o un vino tinto. Hace amigos. Algunos matrimonios mayores llegaron temprano y cenaron acá algo de lo que ofrece el amplio menú del buffet. Hay desde empanadas hasta carne asada.
     A las doce de la noche en punto, la música que suena por los parlantes aumenta el volumen. Una voz cantada anuncia que la milonga está por comenzar. Con ninguna timidez, una pareja se arrima a las baldosas sobre las que bailará esta noche tanta gente. Cierran los ojos. La mujer apoya su cabeza en el mentón de su pareja y muy lentamente comienzan a bailar al compás de un tango. En las paredes del gimnasio cuelgan los aros de básquet, antiguos como esta reunión, y los arcos de fútbol los corrieron hasta los laterales aunque alguien esta noche pueda meter un gol. La pista se comienza a poblar de parejas. Todos respetan cierto espacio entre sí, como en un sistema solar. Tienen movimientos de rotación, sobre su eje, y también de traslación. Todo sucede alrededor del círculo central de la cancha techada del Sunderland Club.
     Un hombre pelado, vestido todo de negro, se acerca a una mesa donde una mujer sola y rubia bebe una copa de vino tinto. Se le sienta enfrente. La mujer tiene cara de sapo y entre ellos hay más miradas que palabras o existe un extraño código milonguero. Después de tres breves minutos de una charla balbuceada y una risa cómplice, se levantan y con una ceremoniosa pausa previa comienzan a bailar. La mano derecha del pelado apenas toca la espalda de la mujer, dejando un espacio entre cada uno de sus dedos. Como todas las parejas que están en la pista, mantienen durante el baile los ojos cerrados o apenas abiertos.
     Después de un rato, vuelve en acción el anfitrión. Ahora tiene sobre su camisa bordó un saco negro con unas líneas verticales blancas y un pañuelo en su bolsillo. Con un micrófono inalámbrico saluda al público. Va casi en puntas de pie. Él también parece bailar. Se posa sobre el círculo central y con sus dos piernas pegadas dice: “Hoy habrá com-pe-ten-cia, ¿Si?”. El esfuerzo de separar las sílabas lo hace porque el volumen de los parlantes satura, o porque le quiere dar un tono espectacular. El público aplaude. Entiende cada pie del presentador, o es generoso. Hay mucha gente grande, mujeres maquilladas y viejos empilchados como para un casorio. El hombre canoso anuncia que además se sortearán un champagne y un par de zapatos al final del show, y que ese papelito que cada uno recibió con la entrada sirve para votar a la pareja que considere la mejor de la competencia.
     No son tantas las parejas que se atreven a ser juzgadas. Sólo cuatro, que son presentadas por el hombre canoso con elocuencia: “Vamos a recibir con un fuer-te a-plau-so, ¿Si? A Jacinto y a Norma”. Para identificarlas, el hombre de cada pareja lleva en su saco un cartel con un número. El presentador deja todas las condiciones en claro: Habrá dos tandas de tango clásico y una tercera con un compás diferente. Dos parejas serán las premiadas. Después de presentar a cada una y antes de irse, medio al trote, le indica a cada pareja que se ubique una en cada esquina del rectángulo. De las cuatro, hay una sola que parece haberse tirado a la pileta sin agua.
     Las dos parejas más votadas ganan por escándalo, aunque el presentador nunca haya dicho la cantidad de votos. Una es la del pelado con la mujer que bebía vino, y la otra es una pareja mayor: Él tiene el pelo teñido y engominado, oscuro como la oscuridad. Ella es retacona. Lleva puesto un vestido rojo y transmite una actitud tenebrosa. Todos sus movimientos, hasta cuando regresa a su mesa a beber agua, son a una velocidad exageradamente lenta. La imagen del equipo de fútbol del Sunderland Club de la categoría 2005, campeón en 2012, observa desde una gigantografía, colgada en uno de los balcones del gimnasio, cómo se termina la competencia y vuelven a la pista todos los que quieren demostrar que podrían haber competido.   
     Para empezar a despedirse del público, cerca de las cuatro de la mañana, el presentador vuelve a aparecer para llevar adelante el sorteo. Con la misma actitud enérgica, dice al micrófono: “Ahora haremos el sorteo para ver quién se lleva los pre-mios, ¿Está bien?”. Todo lo repregunta. Como si los viejos fueran mucho más viejos que él. Cada ticket de entrada tiene un número, así que se regirá por eso para hacer el sorteo. La misma mujer que estaba en la puerta, ahora entra con una bolsa con los troqueles enumerados. El champagne lo gana una pareja de ancianos que ni siquiera participó del baile. Están chochos. La esposa del matrimonio guarda la botella en un bolso enorme. Los zapatos, en cambio, los gana el bailarín de la pareja que se había tirado a la pileta sin agua. Los demás lo miran con bondad y aplauden sostenidamente su suerte.

     Después de que el presentador da por concluida la noche de milonga, todo el público sale tranquilo por el pasillo de cerámicas blancas y negras del Sunderland Club. Las mozas ya levantaron todo lo que había sobre las mesas, menos las migas. El hombre canoso va hasta la puerta para despedir casi personalmente a cada uno. En la vereda, como si adentro no hubiera pasado nada nuevo, un encargado del club barre hojas secas que la noche de otoño sopló hasta el Sunderland.


Gerardo Estafa, del Ministerio de Jubilados de la Primera Edad.

Esas cosas que nunca se alcanzan



Después de una noche en la milonga del Club Sunderland del barrio de Urquiza, la nostalgia nos ganó una vez más y, antes de que Galleguillo se largue a llorar, decidimos volver a abrir el blog.
Aprovechamos para decir que la banda ya no existe como tal y que, si alguien le puede avisar a Tincho, se lo agradeceríamos mucho.


Marcos "Marquitos "Foxtrot
Community manager.

La historia del bostezo en Argentina

Entonces fue en un barco lleno de españoles e italianos y venezolanos, como el bostezo llegó a nuestro país. Pedrito Forever bajó en el puerto de Buenos Aires después de casi 5 meses de viaje por el Océano Penínsulo y frunció la nariz por el olor a bostero que sintió apenas pisó ésta tierra. Nadie esperaba a todos esos inmigrantes de valijas enormes, salvo algunos comerciantes que miraban de reojo el aluvión de seres humanos que habían atravesado todo ese agua durante todo ese tiempo. Pedrito Forever venía cansado y se echó un bostezo de lo más mundano. El mismo gesto de cansancio o sueño que todos esbozamos cada vez que el cuerpo nos indica la preferencia de irnos a dormir. Lo que nadie atendió, en ese momento, fue que algunos de los comerciantes que vieron el bostezo, enseguida lo recrearon con sus propias bocas. Como un contagio. Así fue como el bostezo se empezó a expandir hasta el día de hoy. Una historia impresionante. Feliz cumpleaños a Cham, el primer baterista pinochetista de Monte Castro.

Marco Rúben

Esa tarde-noche en el Monumental


Pocos van a olvidar la tarde en que la banda tocó en el estadio de River Plate, aquellísima tarde de martes de invierno de Hare Krishner de Janouver. Porque sólo quienes estuvimos ahí vamos a poder olvidarlo, y no fue nadie. La idea de un proyecto tan ambicioso y desvergonzado sólo pudo ser pergeñada por el baterista y financista y gerente de marketing de la banda, Martín Cangrejo, que pretendía cumplir, antetodo, su sueño: Tocar en el "Monumental".
La idea de dar un paso tan grande sin haber llenado ni siquiera Planta Alta, en el barrio de Flores y Floresta, la diferencia es ésta, fue una decisión típica de la inexperiencia de este conjunto de alfeñiques. El alquiler costó tres palos de euros más iva e iluminación de varios dentistas, amigos de Eze Galleguillo, que se coparon con un par de foquitos. Como Galleguillo cambió su domicilio dejó de pagar las cuotas del escenario, que fue una posibilidad que les dio la carpintería "A Pinochet no le crecía la verga", aunque lo peor fue la pésima convocatoria al evento. Algo de culpa tuvo Passarella que cerró el alquiler del estadio dos días antes. Eso tampoco posibilitó el acercamiento de una multitud que nunca iba a querer escuchar ni en pedo las canciones.
Lo más relevante del show fue cuando sonó "El planeta del nunca jamás", y Moncha, un incondicional del paty con queso, al quedarse dormido en una platea del Vespucio Aliberti, cayó rodando más de 14 pisos y se dobló un dedo, casi sin perder conocimiento. Desde la mitad de la cancha sólo se escuchaban las notas agudas de la guitarra de Nico Chenlo, que ese día reemplazó a su hermano, que había tomado falopa y no podía pronunciar la palabra "Menem". Lo más triste fue que no pudo lucir su traje de jugador de Boca Juniors, que como había dicho en el camarín, todavía lúcido y dibujando casas con crayones, "lo traje sólo para romper las pelotas".
Si te agachas y le das un beso vale mencionar los incidentes que ocurrieron entre el Pela, que había tomado aserrín con bicarbonato de Vélez, y el tipo que hace la voz del estadio, que en la mitad de un solo de batería interrumpió con un insulto: "Forros", dijo. El hermano del profesor de fonética árabe que canta sintió que Cangrejo vería afectado su autoestima por haber ideado un recital tan choto y fue hasta la cabina donde estaba el tipo con intenciones de enfrentarlo, pero terminaron tomándose una birra.


Daniel Scioli

Mayo Francés, la película


Un famoso e imaginario director de cine nos ha contactado con el objetivo de pedirnos autorización para realizar un largometraje basado en la historia de la banda. No lo dudamos ni un instante y aceptamos sin dudarlo ni un instante. No hubo instantes para dudar ni un solo instante.
Consultó a cada uno de los integrantes de la banda acerca de qué actor preferirían que los interprete. Estás fueron nuestras respuestas:



Tincho: Benjamín Rojas.




Chenlo: Christian Bale, pero con mucha barba.




Nacho: Woody Allen.




Galleguillo: Brad Pitt

Soy moderno, tengo Soundcloud

Nicolás Galleguillo, cruza de potrillo y de perra.

Las comodidades de la internet nos han alcanzado una vez más. Les avisamos que ahora Mayo Francés dispone una cuenta en Soundcloud, en la cual iremos subiendo todo el material de audio que podamos: ensayos, recitales, chistes, etc.

El link es:

https://soundcloud.com/mayo-franc-s



Saludos.

Toco y me voy


Tocamos el sábado 4 de agosto en Isidro Casanova con la Manzana de Adan. La dirección es República de Portugal 3125. Si no te queda de paso miralo por TV garca

Y hoy

HASTA INFLAR GENITALES MAÑANA TOCAMOS GRATIS 22:30 EN LOPE DE VEGA 2542 LOS ESPERAMOS SIEMPRE CARIÑOSAMENTE. ATTE. MAYO FRANCÉS